Rescatándolas del olvido: Las introductoras del Tai Chi en Occidente

Gerda Geddes (izquierda)/ Sophia Delza (derecha)
Gerda Geddes (izquierda)/ Sophia Delza (derecha)

Gerda Geddes se encontró con el Tai Chi por primera vez al atardecer. Caminando por las calles llenas de niebla de Shanghai en 1949, observó a un anciano chino haciendo movimientos lentos y meditativos en un campo abierto. Con una formación en danza moderna en Noruega, Geddes rápidamente se sintió atraída por el espectáculo: «Mientras veía tuve una sensación de calor y frío recorriendo mi espalda… y recuerdo que pensé: ‘Esto es lo que he buscado toda mi vida«.

Sophia Delza practicando tai chi. Negativos cortesía de NY Public Library
Sophia Delza practicando tai chi. Negativos cortesía de NY Public Library

De manera extraña, Geddes no era la única interesada. Sophia Delza, estadounidense con una carrera establecida en la danza y coreografía, también se sintió atraída por el arte marcial chino del Tai Chi mientras estaba en Shanghai ese mismo año. Como la mayoría de los occidentales en aquel entonces, ninguna de las dos tuvo un acercamiento previo al Tai Chi, pero ambas encontraron el valor en lo que presenciaban. En un par de escenarios que desafiaron los límites de raza y género de la era, Geddes y Delza entrenaron con maestros de Tai Chi antes de llevar el arte marcial chino a sus países de origen. En una curiosa imagen de la otra, ambas sirvieron como pioneras de los roles olvidados en la cultura de artes marciales de occidente, llevando el Tai Chi más allá de China, y elevándolo a su actual encarnación en una cultura global.

El Tai Chi  es una de las artes marciales más populares de la actualidad, con practicantes alrededor del mundo que se suman por millones. Pero aun así, si el arte chino es adoptado en culturas y grupos de diferentes edades, ha sido más por salud y recreación que por sus aplicaciones marciales. Con este respecto, se puede olvidar fácilmente que el Tai Chi se originó como un arte combativo, y que se deriva del Kung Fu. Aunque sus orígenes a menudo se envuelven de folclore, el Tai Chi Chuan, que se traduce como «puño supremo», probablemente emergió hace cientos de años a manos de los monjes taoístas en China, en un tiempo en el que los sistemas marciales tenían relevancia entre las realidades sociales violentas de ese entonces. Con el tiempo, el Tai Chi  evolucionaría para ser caracterizado como un estilo «suave» de pelea, que busca redireccionar la energía y movimiento del oponente en su contra. El énfasis del arte en el movimiento lento, respiración y otras nociones del Qigong (o cultivación de la energía) lo han vuelto atractivo con el tiempo y considerado como un ejercicio saludable separado de cualquier contexto marcial. Mientras que los numerosos sistemas de Kung Fu han batallado por volverse relevantes en los últimos años, la popularidad del Tai Chi surgió en el siglo XXI, especialmente con investigaciones contemporáneas que califican los beneficios de salud de las que sus practicantes hablaban. Como escribe el historiador de artes marciales, Ben Judkins: «… los beneficios médicos de prácticas como el Taijiquan han sido discutidos una y otra vez en Occidente durante más de un siglo. Pero apenas recientemente los profesionales médicos dedicaron atención a los beneficios del Taiji para tratar algunas condiciones crónicas«. Estudios clínicos en los últimos años han relacionado la práctica del Tai Chi con muchos beneficios de salud, incluyendo la reducción de enfermedades cardiacas, disminución del estrés y aumenta el bienestar de las personas de edad avanzada. El año pasado, el British Journal of Sports Medicine sugirió que los atributos beneficiales de practicar Tai Chi eran lo suficientemente sustanciales para ser «prescrito» por doctores para tratar una gran variedad de condiciones, incluyendo la artritis y diabetes. «Todo se reduce a la relevancia«, explica Jess O’Brien, autor del libro Nei Ji Quan: Internal Martial Arts, «El estilo Northern Praying Mantis no es para todos, pero el Tai Chi es adecuado para las necesidades públicas. Para la mayoría de las personas, el atractivo recae en su entrenamiento de mente y cuerpo«. Este atractivo moderno es especialmente fascinante de considerar en el contexto histórico de Delza y Geddes, ya que ambas concibieron la relevancia del Tai Chi y sus potenciales beneficios a la salud hace más de cincuenta años, pero eventualmente fueron olvidadas entre las narrativas masculinas de artes marciales. Para cuando viajaron a China a finales de los 40, Delza y Geddes habían llevado vidas llenas de experiencias.

Sophia Delza
Sophia Delza

Delza nació en una familia bohemia en Brooklyn, rodeada por arte y una política liberal. Entrenó danza moderna, estudió en Paris, antes de regresar a Nueva York para comenzar una carrera que incluyó teatro y cine. En 1928, bailó con James Cagnet en Grand Street Follies en Broadway, y después actuó en recitales en teatros notables alrededor de la ciudad. Al seguir a su esposo a Shanghai en 1948, Delza rápidamente se convirtió en la primera bailarina estadunidense en presentarse y dar clases en teatros y escuelas de danza chinas.

Geddes nació en una familia de clase alta en Noruega. Como Delza, entrenó danza moderna desde niña, antes de estudiar psicoterapia bajo la enseñanza del controversial psiquiatra Wilhem Reich en la Universidad de Oslo. De joven, Geddes se unió a la resistencia contra la ocupación Nazi, y después de una serie de encuentros escapó a Suecia escondida bajo un camión de madera. Para cuando junto con su esposo llegaron a Shanghai en 1949, estaba desarrollando la idea de unir sus estudios en la danza y la psicoterapia para crear un tipo de ejercicio como terapia mental. Pero mientras veía al anciano hacer Tai Chi al amanecer, Geddes se dio cuenta que ya no tenía que inventar tal sistema, ya que los chinos aparentemente lo habían realizado desde hacía siglos. Aun así, la noción de una mujer occidental aprendiendo artes marciales chinas no tenía precedentes en aquel entonces.

Sophia Delza en Popular Mechanics, Octubre de 1960
Sophia Delza en Popular Mechanics, Octubre de 1960

«Estos chinos tienen problemas conmigo porque las mujeres no hacían Tai Chi en esos días«, explicaría Geddes después. «La mayoría de las mujeres aún tenían los pies atados«. Incluso cuando eran confrontadas por un código marcial que excluía a extranjeros y mujeres, una enorme barrera de lenguaje y las tumultuosas circunstancias en China antes de que los comunistas tomaran el poder, tanto Geddes como Delza se las arreglaron para estudiar con maestros chinos. Delza estudió el estilo Wu del Tai Chi bajo la enseñanza del afamado practicante Mah Yueh-ling en Shanghai y después regresó a promoverlo Nueva York. A la inversa, Geddes aprendió el estilo Yang del Tai Chi con Choy Hak Peng en Hong Kong antes de regresar a enseñarlo en Inglaterra. En el mismo tiempo y ambiente que el adolescente Bruce Lee fue vetado de la escuela de Wing Chun de Yip Man por su ascendencia europea, estas eran relaciones revolucionarias que desafiaban los límites sociales de su era.

De regreso en Europa, los esfuerzos de Geddes por promover el Tai Chi inicialmente se recibieron con confusión y desinterés, mientras que Delza rápidamente encontró éxito al mostrar el arte en establecimientos de alto perfil en la ciudad de Nueva York. En 1954 realizó una demostración pública en el Museo de Arte Moderno. Como explica Judkins, fue un momento destacado para la cultura de artes marciales en Estados Unidos: «En 1954 no había presentaciones públicas o demostraciones de cualquier tipo de arte marcial chino. Ver un poco del León Danzante en el Año Nuevo Lunar, o una pequeña demostración de la asociación de estudiantes chinos en algún festival internacional» de las universidades era lo más cercano que podrían estar los estadunidenses de ver artes marciales chinas”. El interés que se generó de aquellas demostraciones pronto llevaría a que Delza impartiera clases de Tai Chi con regularidad en Carnegie Hall y las Naciones Unidas, mucho antes de las primeras presentaciones modernas de artes marciales en los Estados Unidos (incluyendo la escuela Kenpo Karate de Ed Parker en Pasadena por 1957, y el inicio de las enseñanzas de Bruce Lee en Seattle en 1959). En el Reino Unido, los esfuerzos de Geddes finalmente ganaron interés en London Contemporary School of Dance, que eventualmente incorporó sus clases en el programa de primer año. Con un año de diferencia entre ellas, ambas dieron las que aparentemente fueron las primeras demostraciones televisadas de Tai Chi en sus respectivos países.

Gerda Geddes
Gerda Geddes

En 1961, Delza escribió el que posiblemente es el primer libro en inglés sobre artes marciales chinas: T’ai-Chi Ch’uan: Cuerpo y Mente en Armonía. Como explica en el inicio, sus intenciones eran «atraer la atención de los occidentales hacia esta obra maestra de la antigüedad sobre la salud y el ejercicio… que… es sumamente adecuado en estos tiempos modernos«. Pero si Delza y Geddes hubieran tenido una visión espiritual para un arte «antiguo» en el mundo moderno, fue un futuro de artes marciales completamente diferente el que se llevó la atención. Para inicios de los 60, la cultura de artes marciales en Occidente aún era muy pequeña, aunque pronto aumentaría su popularidad de manera sustancial. Desde la última parte del siglo, el Judo había cruzado fronteras, y fue el primer arte marcial asiático en asentar raíces en el mundo Occidental (de hecho el Presidente Theodore Roosevelt entrenó con un maestro japonés de Judo en la Casa Blanca. En sus momentos más entusiastas, Roosevelt exhibió técnicas de Judo contra los jóvenes que visitaban la Oficina Oval). Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos soldados conocieron el Karate okinawense, y regresaron a casa resueltos a practicarlo y promover su cultura. Ed Parker llevó a cabo su primer Torneo Internacional de Karate en Long Beach en 1964, el mismo verano en que el Judo se introdujo en los Juegos Olímpicos. En 1965, el maestro de Kung Fu Ark Wong aseguró en papel que ya no restringiría la enseñanza a los estudiantes chinos y que ahora cualquier persona interesada podía enrolarse en sus clases. En 1966, el papel de Bruce Lee como Kato en El Avispón Verde fue la chispa que al fin prendió el fuego. Las actuaciones de Lee eran un espectáculo que capturó la imaginación del público y pronto impulsaron la cultura de las artes marciales a una enorme popularidad. A inicios de los 70, la manía del Kung Fu explotó y la cultura de salud mental y física que habían imaginado Geddes y Delza se quedó atrás de la cultura marcial dominada por hombres.

Películas de acción exageradas y promesas de técnicas de pelea esotéricas dieron énfasis al componente combativo de la ecuación, e impulsaron las artes marciales asiáticas a otra altura. Mientras los entusiastas devoraban el material mediático de artes marciales, las contribuciones de Delza y Geddes no encajaban con la narrativa prevaleciente de las habilidades dinámicas de pelea de los hombres, y a cambio las dos mujeres fueron excluidas de la cobertura. A pesar de introducir el arte marcial chino del Tai Chi a sus respectivos continentes, así como llevar carreras que duraron décadas y miles de estudiantes, ni Delza o Geddes recibieron cobertura significativa de Blackbelt Magazine, la eterna publicación para la comunidad de artes marciales.

Sophia Delza
Sophia Delza

«La cultura popular ha hecho mucho para olvidar cosas como para descubrirlas«, explica Judkins. «Delza fue borrada de la memoria popular. Sólo pudimos tener a Bruce Lee y la «manía del kung fu» como un fenómeno nuevo y emocionante si todos pretendíamos que Delza no nos había enseñado muchas de esas cosas 15 años antes«. De hecho, cuando el nombre de Delza fue mencionado en la comunidad de artes marciales como la primera proponente del Tai Chi, a menudo se mencionaba como crítica, ya que se decía que su falta de énfasis marcial constituía un sistema «incompleto«. Jess O’Brien, cuyo libro Nei Jia Quan presenta un grupo diverso de maestros de Tai Chi defiende los legados de Delza y Geddes al asegurar que la definición de las artes marciales chinas no es unidimensional. «La gente quiere que las artes marciales tengan una definición, pero no hay una meta singular«, explica O’Brien, «El Tai Chi es multifacético y te puede llevar por muchos caminos. Y hay personas que dicen que necesita ser sobre peleas, pero si se adopta como un arte meditativo o curativo no tiene nada de malo«.

Como bailarinas, tanto Delza como Geddes adoptaron el Tai Chi como una alternativa y enfoque holístico para la danza y el movimiento, esencialmente un antídoto para las difíciles expectativas físicas de su industria. Con el tiempo, Delza continuaría promoviendo el Tai Chi con una perspectiva orientara a la salud, mientras que Geddes se encaminaría hacia la espiritualidad. Aun así, ambas estaban conscientes de que estaban practicando algo que era un arte marcial, incluso si pelear nunca fue su meta. A la larga, a pesar de las críticas y la oscuridad, Delza y Geddes parecieron prevalecer con su visión. En el curso de sembrar las semillas del Tai Chi en Occidente, sus estudiantes (y los estudiantes de sus estudiantes) ahora enseñan por todo el mundo. Desde su fallecimiento en 1996 y Geddes en 2006, la popularidad del Tai Chi ha crecido en todo el mundo, mientras que sus beneficios de salud son apoyados por estudios clínicos. Muchos de los estilos de pelea del Kung Fu que alguna vez acapararon la atención, batallaron para atraer seguidores en el siglo XXI. Hay una lógica sobre el «estilo suave» muy adecuada para esto: Delza y Geddes fueron exitosas en su visión, incluso cuando sus contrapartes más famosas, cayeron en tiempos difíciles.